Es frecuente observar cuadros de ansiedad y depresión en pacientes que son diagnosticados o padecen algún tipo de enfermedad crónica o invalidante. Estudios reflejan que el 30% de los pacientes no logran adaptarse al padecimiento de una enfermedad crónica, generando las condiciones propicias para que este caiga en un estado depresivo.

Es normal que algunos manifiesten sentirse triste o desalentado después de un diagnóstico de cáncer, o si está en tratamiento para una afección crónica. El hecho de estar afrontando nuevas limitaciones y cambios en su estilo de vida, puede producir mucha ansiedad, sobre todo por la incertidumbre de no saber que le depare el futuro.

Incluso es normal que presenten sentimientos temporales de tristeza, sin embargo la continuidad de esos son una señal inequívoca de depresión. Los efectos de la depresión sobre la salud van más allá del estado de ánimo. Son muchos los factores de riesgo (antecedentes personales o familiares de depresión), pero existen algunos factores de riesgo directamente relacionados con  el padecimiento crónico en sí mismo.

Por ejemplo, el Parkinson y los accidentes cerebrovasculares causan cambios en el cerebro y estos cambios pueden tener una función directa en la depresión; también están la ansiedad y el estrés relacionados con la enfermedad, que pueden desencadenar síntomas de depresión y en algunos casos ciertos medicamentos que se usan para tratar la enfermedad pueden provocar depresión, la cual puede continuar, aunque la salud física mejore.

Algunos estudios relacionan directamente la depresión con la capacidad de mejora del paciente, es decir, que las personas con  cuadros depresivos y otras enfermedades tienden a tener síntomas más graves de ambas enfermedades, dificultando el proceso de adaptación y posterior recuperación a sus enfermedades, lo que produce un mayor costo médico que aquellas sin depresión.

Es por ello que desde la Cámara de Empresas de Internación Domiciliaria de la Provincia de Buenos Aires (CAMEID) estamos convencidos de que la contención psicológica es fundamental para el paciente y para su familia. Entendemos que frente a una patología invalidante o padecer una enfermedad crónica, se debe atender todos los aspectos, tanto físicos como psicológicos. La adaptación psicológica a la nueva situación resulta fundamental.

Las enfermedades crónicas usualmente provocan cambios significativos en la vida de los pacientes y requieren la aplicación de estrategias que permitan superar la nueva situación. La Internación Domiciliaria ayuda a sobrellevar un tratamiento en el hogar, rodeados del entorno familiar y los objetos personales. No obstante, es primordial que durante el proceso de sanación también se brinde una contención por parte de profesionales de la salud mental.

Bajo este sistema de salud, los pacientes reciben atención a cargo de un equipo multidisciplinario, integrado por profesionales de distintas especialidades y adecuado para dar respuesta a cada necesidad, tanto física como emocional, y así evitar que la depresión, el pánico, la ansiedad, entre otros trastornos, pueden empeorar la vida de los pacientes e impactar de manera negativa en los resultados de un tratamiento. Frente a ello, desde CAMEID consideramos que la contención psicológica es un eslabón fundamental en el proceso de curación.

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