La Internación Domiciliaria se instaló en Argentina hace más de 30 años, convirtiéndose en un método superador de atención médica. Aunque al día de hoy la información sobre su existencia y sus beneficios no son del todo conocido –tanto por los pacientes como por los médicos- este procedimiento fue incorporado en el año 2002 al Plan Médico Obligatorio Nacional (PMO) como una prestación básica esencial.

Es importante destacar que se trata un servicio que repercute positivamente en todo el sistema de salud pública y genera un ahorro de más del 40% para los financiadores que dan cobertura del tratamiento, es decir, las obras sociales, las empresas de medicina prepaga y el mismo Estado.

Pero, sin dudas, los principales beneficiados con este sistema son los pacientes y sus familiares ya que se trata de una modalidad de atención de la salud en el hogar. En ese sentido, destacamos que es tan importante la dimensión del entorno de paciente, como el paciente mismo.

Quienes formamos parte de la Cámara de Empresas de internación Domiciliaria de la Provincia de Buenos Aires (CAMEID) hemos adquirido con los años de aplicación de este sistema una experiencia que nos permite asegurar que cuando una persona atraviesa un tratamiento médico en su hogar, rodeado de sus pertenecías y en compañía de sus seres queridos se produce un mejor desenvolvimiento de sus funciones motoras y una mayor aceptación del medio desde el punto de vista cognitivo. El resultado se traduce en una mejoría cualitativa y cuantitativa más importante en comparación a una internación nosocomial.

El beneficio más palpable de la Internación Domiciliara es que el paciente recibe la atención de un equipo multidisciplinario, preparado para brindar un tratamiento personalizado y adecuado a cada necesidad, pero en su hogar. De esta manera, se crean las condiciones para obtener un servicio superior, cuya visión es mejorar y prolongar la vida del paciente en su entorno.

La posibilidad de disminuir la institucionalización de las personas en establecimientos de salud tradicionales, ayuda a atenuar los efectos negativos que éstos producen, ya sean infecciones intrahospitalarias, el aislamiento del paciente y la desestabilización económica que muchas veces llevan a la desintegración familiar y de entorno.

No hay dudas en que existe una diferencia sustancial a la hora de tener que sobrellevar un tratamiento en la cama de un hospital que hacerlo en su ambiente, con sus objetos personales y sus seres cercanos, donde se genera un ámbito mucho más amigable a la hora de enfrentar un proceso de curación. Así lo entendemos quienes conformamos la CAMEID y trabajamos cada día para poder brindar un servicio superador que impacte favorablemente en la recuperación de nuestros pacientes.

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