Para llevar una vida saludable es fundamental realizar ciertas acciones. La clave es mantenerse activo, realizar ejercicios diarios –aunque sean leves- y alimentarse bien. Sin embargo, además de estos aspectos básicos es importante atender a las señales que envía el cuerpo y tomar las precauciones adecuadas para prevenir cualquier tipo de enfermedad.

Hay ocasiones en las que las alertas pueden pasar casi inadvertidas, ya sea por lo pequeñas o por ser asintomáticas. Es en ellas entonces en las que más hay que reparar, ya que si no se advierten a tiempo, las consecuencias pueden ser más graves. Este es, por ejemplo, el caso del cáncer de piel.

Quienes integramos la Cámara de Empresas de Internación Domiciliaria (CAMEID) somos profesionales de la salud convencidos de que la información es esencial y entendemos que para mantener los cuidados adecuados, lo primero que hay que saber es que se trata de un tipo de cáncer que se forma en los tejidos de la piel y puede responder a distinto factores como las quemaduras solares reiteradas o la exposición a radiación ultravioleta (UV) a largo plazo.

Actualmente, se conocen al menos tres tipos de tumores que afectan la piel, cada uno diferente, tanto en su forma como en su tratamiento. El más frecuente en el ser humano es el Carcinoma basocelular, que suele asociarse a los cuerpos más  dañados por el sol o muy blancos. Habitualmente aparece en el rostro, el cuello y las manos, aunque no es extraño que se ubique en el tronco.

Otro tipo es el Carcinoma espinocelular, que aparece en su mayoría en personas con pieles blancas que no se broncean -pero siempre se enrojecen- o con pecas y daño solar. Generalmente se asienta en la cara, el borde de las orejas, el cuero cabelludo y la boca, particularmente en el labio inferior que es el que más está expuesto al sol. Puede crecer también en la región genital y perianal, donde adquiere mayor agresividad. A diferencia del primer tipo de tumor, este puede hacer metástasis en los ganglios de la región afectada y en otros órganos. En ese sentido, toda persona que ha tenido epiteliomas basocelulares y/o espinocelulares debe ser controlada de por vida, ya que tiene mayores posibilidades de desarrollar otros tumores.

Finalmente, están los Melanomas, que se manifiestan por la aparición de una pequeña área pigmentada sobre la piel sana, o por la modificación del tamaño o del color de un lunar. Se originan a partir de melanocitos, células que producen el pigmento (melanina) de la piel normal, en zonas adyacentes a un lunar o directamente sobre un lunar pre-existente.

El melanoma es el tipo de cáncer menos frecuente, pero el más grave. No obstante, si se lo descubre a tiempo puede ser tratable y curable. En ese sentido, es que insistimos en la importancia de estar alerta a las manifestaciones del cuerpo. Lamentablemente, en el caso de estos tumores las células pueden desprenderse del lugar de origen, viajar por los vasos linfáticos o capilares sanguíneos y alojarse en los ganglios o en diferentes órganos, es decir, hacer metástasis.

Las personas con más riesgos de contraer este tipo de cáncer son aquellas con pieles muy blancas, que tienden a enrojecerse, pero no a broncearse. También son proclives a padecerlo quienes tienen muchos lunares o lunares atípicos.

Existen varios factores de riesgo, sin embargo, el más importante es la frecuente exposición a los rayos UV, sobre todo sin protección. Al respecto, hay que destacar que la prevención debe ser más intensa en los meses de verano y primavera, pero de ninguna manera se deben abandonar durante el resto del año. Hay varias medidas que se pueden tomar en ese sentido:

  • Restringir los horarios de exposición al sol y evitar el periodo de 10 a 16, que son las horas de radiación más intensa.
  • Elegir ropa y accesorios adecuados que cubran la piel y que sean acordes al clima. Con el frío es posible usar indumentaria más cerrada, que dificulta el paso de los rayos UV, mientras que en los días de calor lo idea es contar con prendas holgadas y de colores claros. También hay que incluir sombreros y anteojos para proteger el rostro y los ojos.
  • Utilizar cremas con Factor de Protección Solar 20, como mínimo. Cuanto mayor sea el factor, más eficaz será frente a los rayos UV. En el caso de niños, si son menores de 1 año se deberá evitar directamente la exposición al sol y si son más grandes, se recomienda usar protectores solares de Factor alto.
  • Evitar las camas solares que son otra fuente de radiación ultravioleta y pueden causar un mayor riesgo de desarrollar cáncer de piel. Los rayos UV artificiales se acumulan a las dosis UV del sol absorbidas durante el día.

Cumplir con las medidas de protección puede ayudar a no contraer la enfermedad. No obstante, es importante realizar consultas con los profesionales si surge alguna alerta o una señal en el cuerpo genere dudas, por ejemplo la aparición de un área pigmentada sobre la piel sana, o que un lunar cambie de color o tamaño. Un diagnóstico temprano ayudará a que el tratamiento sea más eficaz.

Como siempre remarcamos desde CAMEID, la mejor manera de tratar una enfermedad es previniéndola y para eso, la información es fundamental.

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