Hace algunas horas, desde el Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires se confirmó el primer caso importado de fiebre amarilla en la Capital Federal. Se trata de un joven argentino que se infectó durante su estadía en Río de Janeiro. La persona afectada había viajado sin vacunarse previamente, a pesar de las advertencias que se venían realizando a partir del brote de esta enfermedad en Brasil.

La confirmación de este caso reactivó las alarmas sobre los peligros que implica no tomar las precauciones necesarias. En este contexto, desde la Cámara de Empresas de Internación Domiciliaria de la Provincia de Buenos Aires (CAMEID) queremos recordar qué precauciones se deben tomar y cuáles son los síntomas a los que hay que prestar atención para detectar a tiempo la enfermedad. Como profesionales de la salud insistimos en que prevenir es el mejor tratamiento.

Antes que nada, es importante destacar que la fiebre amarilla es una enfermedad vírica aguda, hemorrágica, transmitida por mosquitos infectados.

La forma más eficaz de prevenirla es mediante la vacunación, que es  segura, asequible y, además, una sola dosis es suficiente para brindar protección de por vida, sin necesidad de refuerzo.

Al respecto, cabe recordar que a mediados de enero la Organización Mundial de la Salud (OMS) volvió a recomendar que las personas que viajen a Brasil se vacunen por lo menos 10 días antes. Esta advertencia fue luego de que se detectara un aumento de la transmisión selvática del virus cada vez más próxima a centros urbanos muy poblados.

Evitar las picaduras de mosquitos mediante la utilización de repelentes y cualquier otra medida básica de protección también sirve para prevenir la enfermedad, sin embargo, la vacunación es el método más efectivo y recomendado ya que ofrece una inmunidad efectiva al 99% de las personas vacunadas en un plazo de 30 días.

Desde el Ministerio de Salud de la Ciudad, además, destacan que la vacuna la deben recibir quienes cumplan con alguno de los siguientes tres criterios: el primero es a quienes viajen a municipios pertenecientes a la zona de riesgo como destino final; en segundo lugar, si el viaje lo realizan por vía terrestre, hacia zonas consideradas fuera de riesgo, pero permanecen más de 72 horas en algún lugar del trayecto; el tercero es quienes desarrollen actividades de turismo aventura (trekking, tirolesa, etc.) o campamento en municipios dentro de la zona de riesgo.

Además de los métodos de prevención, es importante conocer las señales ante las que hay que estar alerta. En general, los primeros síntomas son fiebre alta, dolores musculares -sobre todo de espalda- cefaleas, pérdida de apetito y náuseas o vómitos. La OMS aclara que en la mayoría de los casos los síntomas desaparecen en 3 o 4 días. Sin embargo, un pequeño porcentaje de pacientes entran a las 24 horas de la remisión inicial en una segunda fase, más tóxica.

En estos últimos casos, lo que suele pasar es que la fiebre es más elevada y puede afectar varios órganos, generalmente el hígado y los riñones. En esta fase son frecuentes la ictericia (color amarillento de la piel y los ojos, hecho que ha dado nombre a la enfermedad), el color oscuro de la orina y el dolor abdominal con vómitos. Además, puede haber hemorragias orales, nasales, oculares o gástricas. La mitad de los pacientes que entran en la etapa tóxica mueren en un plazo de 7 a 10 días.

Con respecto al tratamiento, si bien no hay uno específico para esta infección, los pacientes pueden evolucionar si se adoptan determinadas medidas. Según un informe del Ministerio de la Salud de la Nación, en los casos más leves se debe guardar reposo, tomar paracetamol por prescripción médica, y protegerse de las picaduras de mosquitos. En cambio, para los casos de mayor gravedad, será necesaria la hospitalización del paciente que, además, deberá recibir oxígeno y otras medidas de apoyo. Por otro lado, Las infecciones bacterianas asociadas pueden tratarse con antibióticos.

Desde la CAMEID recalcamos que la mejor forma de llevar una vida saludable es tomar las medidas preventivas adecuadas frente a cualquier situación y estar atentos si se presenta algún alerta. Además, es fundamental recurrir a un profesional médico ante cualquier síntoma de la enfermedad.

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