Cuando una persona tiene un Accidente Cerebro Vascular, él y su entorno se ven afectados. Según nos indica la experiencia, los cuidados que deben recibir –sobre todo en casos con daños más profundos- son sumamente dificultosos. En ese sentido, necesitan de la atención de un equipo preparado como los que brinda el sistema de Internación Domiciliaria  para dar respuestas a cada una de sus necesidades, que van desde atención médica hasta la contención emocional del paciente y su familia.

El ACV es una condición que se produce cuando hay una interrupción brusca en el flujo sanguíneo del cerebro. Como consecuencia, éste deja de recibir el oxígeno y los nutrientes que requiere para su funcionamiento normal y, por lo tanto, deriva en la muerte del tejido cerebral. El daño que se genera puede ocasionar la pérdida de aquellas funciones dependientes del órgano que resultó afectado.

Existen dos tipos de ACV, que tienen que ver con el modo en que se produce este accidente. Si se debe a la obstrucción de una arteria, generando un infarto cerebral, se denomina isquémico –el 80 por ciento de los ataques pertenecen a esta categoría-, en cambio, si se genera por la ruptura de una arteria cerebral y luego se forma un hematoma en el tejido, se trata de un ACV hemorrágico.

Existen distintos factores que pueden desencadenar un ACV. Uno de ellos es la edad, ya que si bien puede afectar a cualquier persona, es más frecuente que se produzca después de los 55 años. El sexo también tiene relación. En ese sentido, los hombres son más proclives a sufrirlo, no obstante, en las mujeres hay más posibilidades de que les cause la muerte. Finalmente, si en la familia hay antecedentes de accidentes cerebrovasculares es importante tenerlo en cuenta y estar alerta.

Por otro lado, hay condiciones médicas que pueden a incrementar el riesgo se incluyen la hipertensión, la alteración de los lípidos sanguíneos (colesterol, triglicéridos), la enfermedad carotidea, la diabetes, las arritmias cardíacas, enfermedades de las válvulas del corazón y trastornos hematológicos.

Hoy en día se conoce que existen maneras de prevenir un ACV y desarrollar una vida saludable y, en general, tienen que ver con mejorar los estilos de vida. Evitar el tabaquismo, la obesidad, la mala alimentación, el sedentarismo son algunas de las cuestiones fundamentales.

Los síntomas del ACV suelen presentarse de manera repentina, lo que dificulta su detección precoz. En ese sentido, es importante conocer cuáles son sus señales y acudir a un profesional de la salud ante la presencia de ellas. Así se pueden reducir significativamente los riesgos de muerte y discapacidad. El neurólogo Facundo Manes propone una fórmula sencilla conocida como las 5C:

  1. Cabeza: Se puede presentar un dolor de cabeza severo, súbito y persistente, como una explosión.
  2. Cuerpo: La persona tiene debilidad o paralizado un lado de la cara, el brazo o la pierna.
  3. Confusión: Se produce un repentino estado de confusión que genera problemas para pensar, hablar o entender.
  4. Ceguera: Es posible que se produzca la pérdida repentina de visión o se vea una imagen doble.
  5. Caminata: Puede darse una pérdida del equilibrio de manera brusca.

Otro de los síntomas a los que hay que prestar atención es a la dificultad en el lenguaje, ya sea para hablar o para comprender el habla. Esta alteración varía en función al área cerebral dañada, y en muchos casos pueden ser producto de otra problemática, como la presencia de un tumor, un traumatismo de cráneo o de una enfermedad degenerativa.

Algunos profesionales también advierten que es posible detectar un ACV por problemas con la lengua. Según señalan, si al pedirle la persona que saque la lengua está torcida hacia un lado, debe considerarse como una alerta. Aunque hay que destacar que este síntoma no se presenta en todos los casos.

El accidente cerebrovascular y sus consecuencias no afecta sólo a la persona que lo padece, sino a sus afectos cercanos que deben adecuar no solo sus hábitos, sino también el entorno donde el paciente llevará adelante su recuperación.

Un porcentaje muy alto de los pacientes que atendemos quienes integramos la Cámara de Empresas de Internación Domiciliaria de la Provincia de Buenos Aires (CAMEID) han transitado un ACV y los equipos que conforman cada una de ellas, están preparados para brindar el apoyo médico y emocional que la persona y su familia necesita.

Nuestro lema en CAMEID, como representantes del sector de la salud, es que el mejor tratamiento es la prevención. En ese sentido, entendemos que el modo más efectivo de prevenir es ayudando a difundir el conocimiento, sus síntomas y la importancia de conocer los antecedentes clínicos que existan en el grupo familiar para extremar los cuidados. Informarse es la forma primordial para tener la mejor calidad de vida posible.

 

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