El vertiginoso ingreso al siglo XXI y sus avances nos convencieron de que para todo hay una fácil y rápida respuesta. Por supuesto, el ámbito de la salud no está exento de esta situación. La automedicación es un signo de esta época.

 Una persona con una dolencia no necesita más que escribir sus síntomas en un buscador de internet para, en escasos segundos, obtener un “diagnóstico exprés”. Y, como si esto de por sí ya no implicara un peligro, el autodiagnóstico viene acompañado de una segura automedicación.

 Es cada vez más frecuente que en lugar de ver a un médico ante determinado tipo de dolor o malestar, la respuesta sea acudir al botiquín y tomar lo primero que se encuentre, sin ningún tipo de supervisión ni prescripción de un profesional.

 Esta acción cada vez más habitual, en muchos casos está fomentada por factores persuasivos, como la publicidad, que nos convenció de que basta con la simple toma de una pastilla para acabar de inmediato con un dolor. Lo que estos anuncios no cuentan es sobre las consecuencias que acarrea la automedicación.

 Sumado a esto, algunas cadenas de farmacias se parecen cada vez más a centros comerciales que invitan a las personas a consumir remedios o golosinas con la misma celeridad.

 En algunos de sus pasillos, se mezclan promociones de 50% de descuento en productos de cosmética con el 2×1 en pastillas para el dolor de cabeza o en relajantes musculares. No hay advertencia de peligros y todo parece dar lo mismo a la hora de vender.

 Entre los principales riesgos de la automedicación, se destaca la escasa información que se difunde sobre los efectos que produce en el organismo. Incluso, la posibilidad de estar encubriendo los síntomas de una enfermedad de riesgo que podría ser detectada a tiempo para un tratamiento adecuado.

 Por otro lado, debe tenerse en cuenta que cada medicamento actúa de acuerdo sus componentes, pero también en función de las particularidades físicas de quien lo ingiere. Es decir, un mismo remedio puede funcionar de una manera para una persona y ser dañino para otra, generando reacciones no deseadas.

 El común de la gente que decide automedicarse suele desconocer la composición total de los fármacos. De esa manera, también se ignora si ese medicamento puede ser administrado junto a otros, si puede generar adicción o si se está tomando la dosis adecuada.

 Suministrarse fármacos sin la supervisión de un profesional de la salud no debería ser algo tan corriente. Desde la Cámara Argentina de Empresas de Internación Domiciliaria de la provincia de Buenos Aires (CAMEID) creemos que es fundamental realizar nuestro aporte a la concientización de los peligros de la automedicación y sobre la necesidad de acudir a profesionales para llevar adelante una vida saludable.

 Es nuestra responsabilidad como representantes de un sector del sistema de salud, informar a los pacientes de los riesgos de la automedicación. Como siempre sostenemos desde CAMEID , la prevención es el mejor tratamiento.

One response to “AUTOMEDICACION: UN MAL DE NUESTRO TIEMPO

  1. nicolas decile a tus empresas que dejen de enviar personal no matriculado diciendo ser por ejemplo enfermeras decile a la empresa EMERGENCIAS que PAMI les pidio servicio de kinesiologia ( es decir kinesiologo de verdad), enfermera de verdad medico , fonoaudiologia nada de esto cumplio Es de mi entender que KINDOMI, ATMED, MEDIZIM, AT HOME, ANTALGOS, CUIDARTE ARGENTINA, SIDOM, CENTRO ALFA (AHORA ALFA),IDOM, MEDICAL SYSTEM ENTRE OTRAS DEBERIAN clausurarse si CLAUSURARSE

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